sábado, 31 de octubre de 2026

Mientras todavía

23:14



Hay una hora de la noche
en la que mi vida es una casa vacía
esperando a alguien.


He dejado una luz encendida.
He recogido del suelo mis días.
A veces me acerco a la ventana
sin haber escuchado nada.


Así he esperado el amor.
Así he esperado el triunfo,
la llamada.

Lo he imaginado tantas veces
que hay recuerdos míos
que todavía no han sucedido.


Y después amanece.
Hay que levantarse,
abrir las cortinas,
hacer algo con las manos
mientras el corazón vuelve a preguntar
cuándo.


He visto caer torres
que desde lejos parecían eternas.
He visto a personas salir
de la imagen donde yo las había puesto
y dejarme abrazando el aire.


Yo tenía una forma pensada
para la felicidad.
Sabía por dónde iba a entrar,
qué rostro tendría,
quién estaría conmigo cuando llegara.


Me costó abrir las manos.


Pero estoy cansada.
Hay noches en que se lo digo a Dios
sin buscar palabras bonitas:
estoy cansada,
no entiendo,
hoy me cuesta esperar.


Y después me quedo callada.


Hay un silencio muy profundo
cuando una deja de pedir señales.

Y toca aprender a dejar la silla vacía
sin sentar en ella
al primero que llegue.
Dejar que las personas
terminen de mostrarse,
aunque lo que vea
me obligue a cambiar la historia.


Mi fe sigue conmigo.
Algunas mañanas
apenas me alcanza
para levantarme y abrir las cortinas.


La cuido así,
con ese gesto pequeño,
sin saber cuánto falta.


Esta noche he vuelto a la ventana.
No había nadie.


Me quedé un rato,
sentí el frío en los brazos
y luego fui a acostarme.


Dejé la luz encendida.







sábado, 17 de octubre de 2026

La torre más alta

8:57

Estar contigo era como subir a la torre más alta,

mirar desde allí todo lo que alguna vez conocí

y descubrir que las cosas podían parecer distintas

cuando las contemplaba a tu lado.


No sé si era tu grandeza,

la altura,

o simplemente la forma en que yo me sentía

cuando estaba cerca de ti.

Solo sé que a tu lado,

el mundo se siente más pequeño

y la vida, infinitamente más grande.


Siempre imaginé nuestro encuentro.

Una y otra vez,

En los rincones más silenciosos de mi mente.

Y qué extraño descubrir

que de todas las cosas que imaginé contigo,

la más hermosa resultó ser la más sencilla.

Al final de un día interminable,

cuando tu cuerpo se rendía en la cama,

Y mis brazos rodeaban tu cansancio.


Quizás fue allí

donde estuvimos más cerca de encontrarnos.

Cuando el mundo dejaba de exigirte tanto

y tú, por unos instantes,

dejabas de pertenecerle.


Nunca supe realmente

qué habitaba detrás de tus silencios.

Y yo, que siempre he querido comprenderlo todo,

hice preguntas donde quizás debía guardar silencio.


Tal vez confundí tu silencio con distancia,

y mi deseo de acercarme

terminó alejándote un poco más.


Ahora que no estás,

siento que me he arrojado

desde aquella ventana.

Y mientras caigo,

no pienso en el suelo,

ni en el miedo,

ni siquiera en la posibilidad de volver a subir.


Pienso en aquella cama,

en el silencio de la habitación,

en tus pies buscando los míos

sin que ninguno tuviera que pedirlo.

Y comprendo que, de toda aquella altura,

lo que más voy a extrañar

serán esos pequeños instantes

en los que dejábamos de estar tan lejos,

Cuando tu cansancio encontraba descanso en mis brazos,

y mi corazón encontraba un lugar

donde dejar de buscarte.

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